Cuando me hagas falta

No sé cómo empezar esto, lágrimas ruedan por mis mejillas sin saber por qué, quiero decirte tantas cosas, pero no encuentro en palabras todo lo que mi ser quiere expresarte, Dios me ha regalado un cachito de Él para ponerlo en ti y demostrarme que existe una sonrisa eterna, que con una caricia se puede curar cualquier herida del alma, que no hay mejor forma de ser feliz que ayudando a los demás, que la disciplina no es más que un cincel que forja tu carácter, que los besos son un tierno regazo en la esperanza y que sin personas como tú nunca conoceríamos el verdadero amor.

Hay cosas que no se de ti, que las ocultas para demostrar que todo está bien, muy a pesar de que por dentro tengas una tormenta de aflicciones, siempre tienes las palabras exactas para animarme y hacer que descubra lo más fuerte de mí, recuerdo muy bien aquella ocasión donde me tumbé por el cariño de una persona que no me correspondía y tus palabras fueron directo a mi tristeza:

– hay personas mucho mejores, sólo es cuestión de mantenernos atentos para cuando lleguen – terminaste tu frase con un abrazo que hizo que desapareciera hasta la más mínima melancolía, como si tuvieras súper poderes.

Nunca he entendido por que tu sonrisa puede cambiar la historia de muchos y principalmente la mía, tu alegría me infunde tanta felicidad como si fuera un aliciente que necesito a diario, el ver tu rostro lleno de pasión por lo que haces me demuestra que naciste para ser guerrera y que protegerás lo que amas sin importar que tan lastimada puedas quedar después de arduas batallas.

Debo confesar que no he sido la persona que te has esforzado por moldear pero que ha valido la pena cada consejo, cada disciplina, cada instante invertido en mí, ahora puedo decir que soy alguien con entereza, con anhelos, con objetivos de vida, un ser humano de bien que trata de ayudar a los demás para brindar parte de lo que arraigaste en mí.

La estela de recuerdos que has dejado me alimenta en cada tribulación; aquella tierna caricia que me hacías después de cada tropiezo, de aquel regazo que está disponible las veinticuatro horas del día para solo llegar y acurrucarme, como si fuera una incubadora para retomar fuerzas y seguir los desafíos que han de venir, de aquel simple consejo que se convierte en los pilares de todas tus emociones.

Me has enseñado que el tiempo no se mide con números sino con alegrías, que los triunfos se dan en un “nosotros” no en un “yo”, que en el pedir está el dar, que una buena actitud mantendrá las puertas abiertas para que entre la felicidad, que la tranquilidad se da en una conciencia que no vacila, que el servicio a los demás en un acto reflejo de tu espíritu que solo hay que practicar, que la fe no se mide por lo que crees sino por lo que actúas, que el amor es solo un escalón para la eternidad.

Eres mi primer amor; el que me enseñó que un corazón no solo es para latir, que el alma es un regalo que otorgas a quien es capaz de protegerla, el que me entregó la semilla de la esperanza para que la regara y floreciera en el frondoso árbol de la felicidad, el que me hizo descubrir que los detalles no se miden por tamaño sino por sinceridad.

Mamá, muchas gracias por estar conmigo en todo momento, por cargarme en tus brazos en la tormenta de mis fragilidades, por protegerme del frio de mis desolaciones, por ser la redentora de mis desdichas, por sentirte orgullosa de quien soy a pesar de mis debilidades y errores, por hacerme sentir que mis metas cumplidas son flores que has sabido regar con prudencia y paciencia.

Me has enseñado a enfrentar mis batallas con firmeza, me diste las herramientas para forjar mi felicidad, me llevaste de la mano para saber dominar mis miedos, me motivaste a soñar, me entregaste parte de tu existir.

Te pido perdón por todas las veces que me he puesto en tu contra, que reproché tus mandatos, que tiré tu comida, que me sentí menos querido que mis hermanos, que levanté la voz solo porque podía hacerlo, que en mi retorcida mente pasó la idea de levantarte la mano, por ponerme al tú por tú en tus decisiones, perdón por qué no supe aprovechar las alas de la libertad que me fuiste confeccionando en cada negación, en cada disciplina, en cada acto de enmienda.

Madre, lo que más amo de ti es tu alegría que contagia, lo que más admiro de ti es tu espíritu de servicio, lo que más comprendo de ti es la paciencia que nos brindas, lo que más me enternece de ti es el cariño con el que nos miras, lo que más aplaudo de ti es la manera en que sacaste adelante a tus hijos, lo que más me hace feliz es que tu estés aquí.

Quisiera detener el tiempo para que no te fueras, para que tus brazos me siguieran estrujando en un abrazo sin final, seguir escuchando tus regaños que, aunque no lo creas, me hacen despertar de mis constantes errores, le pido a Dios que me dé la oportunidad de seguir viendo tu rostro que poco a poco se va arrugando por el juez injusto, seguir teniendo esas platicas llenas de risas, de enojos, de melancolías y de historias irónicas.

Pero no estoy preparado para cuando me hagas falta, para cuando no me reclames que no te llamé, para no disfrutar de tus comidas que saben a paraíso, para no tener esas conversaciones eternas, para no escuchar tu pícara sonrisa, para no llegar a casa y ver tu cuarto vacío sin movimientos, sin atenciones, sin ti.

Se que la vida no es justa y que tarde que temprano lo bueno se debe de terminar, pero también me ha dado la oportunidad de tenerte, de disfrutarte en este momento, de seguir siendo amigos, confidentes y hasta cómplices, espero poder darte un poco de lo que tú me diste, de ser paciente cuando lo necesites, de abrazarte a pesar de que no lo quieras, de limpiar tus lágrimas en tu desolación, de cuidarte en tus malos ratos, ahora darte un poco de mí.

Cuando me hagas falta no quiero llorar por lo que no te pude dar sino alegrarme por lo que construimos juntos, cuando me hagas falta no quiero reclamar a Dios por qué no estás aquí sino darle gracias porque me dio la oportunidad de tenerte a mi lado, cuando me hagas falta no quiero pelear con la vida por lo injusta que es sino pedir un poco más de tiempo para disfrutar contigo más bellos momentos, cuando me hagas falta no quiero reclamar a mis hermanos por la poca importancia que te dieron sino construir con ellos, ahora, momentos de felicidades que te darán paz, cuando me hagas falta no quiero que el odio carcoma mi esencia por ya no tenerte sino que nuestras alegrías alimenten nuestro espíritu para trascender juntos.

Cuando me hagas falta quiero que sepas que estaré bien porque has sido la muza que me ha inspirado a vivir.

            ¡Gracias mamá!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *