Esta es mi historia
¿POR QUÉ ELEGÍ MI PROFESIÓN DE FILÓSOFO?
Héctor Hugo Ruiz Ávila Gerente de Recursos Humanos en una empresa nacional (en México), escritor del libro ELEMENTO -Los Incrustados- y coautor del libro MI TINTA EN TUS RECUERDOS.
MI INFANCIA
Soy el último integrante de siete hermanos. Según me cuentan, desde pequeño, fui un niño muy tranquilo, aunque en mi mente vienen memorias de travesuras que probablemente no se dieron cuenta que hice, pero esa es otra historia que luego les contaré. El punto de esta reseña es que desde mi infancia siempre he sido muy curioso; preguntarme que se sentirá tocar la piel de un sapo, por que algunas aves muy grandes vuelan con tanto peso, que pasaría si aviento un cerillo a un bote de alcohol, en fin, un descubridor de momentos que muchas veces no tenían consecuencias positivas, tal vez lo hacía con la confianza de que siempre iban a rescatarme mi familia, mi madre o mis amigos, que estaban siempre a mi lado. Estos cuestionamientos se fueron acrecentando con el tiempo, y en mi interior se movía la curiosidad de escribir mis memorias, dejar en papel mis momentos para luego repasarlos, pero por ser de una familia numerosa y de un estatus muy humilde, no podía tener la privacidad de quien busca un momento de tranquilidad con uno mismo, para pensar en algo más allá de lo sentidos, y por supuesto, escribirlo.
Al crecer, en mi pequeña ciudad del Mante, Tamaulipas, México, mis gustos se encaminaron hacia los números más que por las letras, tal vez, el no tener a la mano una orientación vocacional (antes no la había como ahora) y la información exprés como el internet, te encuentras en un mar de cuestionamientos y piensas que la opción que la mayoría tenga de ti es la que debes seguir, en mi caso me fui a estudiar contabilidad, pero deserté a la mitad de la carrera.

MIS ESTUDIOS
Al salir de mi casa a los 16 años y probar la vida en todo su máximo esplendor, me hizo regresar a mis cuestionamientos y después de salir de la universidad a mitad de mi carrera fallida, la circunstancias, el universo, Dios, o el nombre que queramos ponerle, fue poniendo las señales en el camino para entrar al seminario y ahí comenzar una nueva etapa de mi vida como Filósofo.
La sagacidad en mis cuestionamientos se fue afinando al estar en un semillero de personas estudiadas, pero lo más importante es que fui agarrando un gran cariño a las letras, nunca pensé que sucedería, por que hasta en la primaria me reprobaban en la materia de “español”, tal vez por que en su momento cerré la posibilidad de no tener oportunidad para ellas (las letras). No voy a mentir, al principio fue un dolor de cabeza entender todos los términos (que si el “ser”, la “esencia”, etc.), pero cuando hicimos un pacto entre la filosofía y yo, las cosas fueron fluyendo como cuando era niño, y llegó a mí, la sensación de querer saber más.
LA DECISIÓN QUE LO CAMBIO TODO
Con el tiempo mi misión cambió y me salí del seminario, ahora camino con la filosofía como una amiga que me ha llevado a tener una lógica sagaz, saber aplicar la metafísica, encontrar la belleza en muchas acciones, tratados que solo ella y yo sabemos disfrutar.
Mi carrera la cursé de 2001 al 2005, y el estudiar filosofía me ha llevado a descubrir lo capaz que soy, a saber, poner en su lugar mis habilidades, pero lo más importante, me dio la oportunidad de saber como aplicarla en mi trabajo y en mi vida.
Siempre me pregunté porque muchos piensan que la filosofía es un viaje infinito donde nunca aterrizas y que todo lo deja a preguntas sin resolver (aburrida), me enfoqué a demostrar que la filosofía es una carrera que pueden tener un sinfín de aplicaciones en la vida diaria y más en las empresas… así de simple:
La filosofía es la madre de todas las ciencias.

